Noa y Mr. Schop, su oso de peluche, son los dos únicos habitantes de la luna, un lugar privilegiado desde donde pueden observar el universo en todo su esplendor. La amistad, y un cariño que supera todas las barreras, son la base de una relación que se verá empañada cuando un extraño objeto irrumpe en sus vidas. Una tierna historia que te llegará al corazón y convertirá a Noa y a su oso en unos compañeros que ya nunca te abandonarán.

Mr.Schop

Oso de peluche

Tiene una inteligencia tan grande como su corazón de algodón. Su mayor preocupación es que Noa, "la niña más bonita del universo", no lo abandone jamás.

Noa

Protagonista

Soñadora, dulce e intrépida. Quiere atrapar entre sus manos toda la magia del universo para compartirla con Mr. Schop.

Aquello

La nave

Un sueño para Noa, una pesadilla para Mr. Schop. Aquello te lleva a explorar el espacio y también el corazón.

Certezas de Mr. Schop

certeza (del mr. schoppino “estar tranquilo y feliz”).

  1. Cimiento necesario para la vida. Pilar en el que apoyamos nuestro discurrir diario para saber que ni la luna dejará de flotar y caeremos al vacío, ni las estrellas se volverán locas y nos atacarán a mordiscos.
  2. Lo que siempre ocurre y por ello nos da felicidad. Noa es la niña por la que la luna brilla. Noa tiene la sonrisa más bonita del universo.
  3. Las certezas marcan el ritmo de la existencia y son el motivo por el que todo lo que vemos puede ser tan hermoso.

El Jardín de Noa

Noa levantó un instante la mirada, llevaba un buen rato inmersa en una actividad que requería hasta el último granito de su atención. Se frotó un poco los ojos cansados y observó el cambio de color de la Luz. La gran bola de fuego estaba soplando sus últimos rayos, pronto caería la Oscuridad.

El viento era suave, tan agradable como siempre lo había sido en aquel rincón del universo. Movía con ligereza el pelo marrón de Mr. Schop, que estaba de pie, junto a ella, pensando quién sabe en qué, probablemente en alguna de sus teorías. Por un momento, Noa no pudo evitar admirar los destellos que lanzaba el pelaje de su compañero. El juego del viento y el sol sobre el pelo de Mr. Schop era uno de los espectáculos que más le gustaban a Noa en el mundo entero. Nadie como ella sabía la cantidad de matices que podían salir de aquel peluche marrón aparentemente uniforme. Inició el conteo mentalmente, aún cuando lo había hecho ya millones de veces, tantas, que habría sido capaz de repetir la secuencia de memoria: << chocolate puro, chocolate con leche, chocolate con caramelo, caramelo con vainilla, chocolate con miel...>>. Noa, que sabía contar hasta mil, había agotado los números en más de una ocasión, adjudicándole a cada destello del pelaje de Mr. Schop el color de algo delicioso, algo propio y adecuado para un oso tan importante como él.

Sacudió la cabeza, diciéndose que no era momento de entretenerse en enumeraciones. Tenía que terminar el trabajo que la había tenido totalmente absorbida desde que había nacido la actual Luz. Había que acabar antes de que llegara la Oscuridad...

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